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 Probablemente has oído hablar de alguna  cata de vino a ciegas, pero aún no tienes muy claro lo que implica, aunque solo con el nombre es fácil de imaginar.

Una cata es la interpretación de las sensaciones que percibimos a través de nuestros sentidos. En la cata de vino utilizamos principalmente la vista, el olfato, el tacto y el gusto. Pero en una cata ciega la composición de nuestros sentidos cambia, y solemos prescindir del sentido de la vista, ¿por qué?

Porque el sentido de la vista puede influir a la hora de realizar una cata, ya que si tenemos delante la etiqueta del vino que vamos a catar o conocemos su precio y procedencia, nuestra opinión puede crear ideas preconcebidas que estén condicionadas por percepciones anteriores de esos vinos.

Una cata ciega de vino es la manera perfecta de saborear y disfrutar del vino sin un prejuicio generado por marca o reconocimiento. Se trata de realizar una degustación de vinos dejando el protagonismo de la valoración a la experiencia sensorial. Una forma fácil y sincera de disfrutar de uno de los placeres gastronómicos más antiguos.

Este tipo de cata ciega es uno de los eventos más atractivos para catadores que buscan sorprenderse con vinos hasta el momento desconocidos, ya que siempre puede aparecer algún vino que produzca una grata experiencia sensorial pero no disfrute de grandes distinciones. Es una ocasión perfecta para descubrir nuevos vinos sin una opinión ya establecida.

Esa perspectiva de desconocimiento es lo que consigue una total objetividad e imparcialidad. Sin duda se trata de un método que está teniendo un gran auge. Pero, ¿conoces los tipos de cata de vino a ciegas que hay?

Tipos de cata ciega

Muchas personas piensan que una cata de vino a ciegas es taparse los ojos y esperar a recibir una copa de vino en la mano y describirlo. Pero no, existen dos tipos de cata ciega:

  • Cata ciega en la cual vemos el producto, es decir el color del vino, pero sin ver la etiqueta. Con este tipo se evita omitir uno de los sentidos más importantes para evaluar el vino: la vista.
  • Cata ciega en la que solo podemos usar el sentido del olfato y el gusto, por lo que no podemos ver ni siquiera el color del vino que vamos a probar.

Generalmente la cata ciega, sin ver el color del vino, es mucho más compleja, pero también aporta mayor detalle del que percibimos solamente con el gusto y olfato.

Fases de una cata ciega de vino

En el caso de ser una cata ciega en la que se ve el vino el primer paso es analizar el color del vino. Analizando el color se puede conocer la edad, si el color es más claro generalmente es porque es más joven.

También podemos conocer la graduación del vino a través del movimiento de la copa, en la que se quedarán gotas en la parte superior. Si las gotas vuelven más rápido la graduación suele ser menor, si las gotas vuelven lentamente la graduación será mayor.

La primera impresión de cata sin ver el color del vino es buscar los olores primarios, sin agitar ni mover el vino. Una vez identificados, se agita para que el oxígeno se adentre y aparezcan los conocidos como olores secundarios. 

Para los más expertos se puede aumentar la agitación, que hará vislumbrar los olores terciarios.

En cuanto al gusto, en la primera toma de contacto se debe saborear de lado a lado en busca de los cuatro sabores básicos: el salado, dulce, ácido y el amargo, en conjunto, deben estar armonizados entre ellos.

Con el tacto se busca la textura en boca, si es suave y craso es una buena señal, mientras si es áspero y rugoso será más deficiente. Para terminar un análisis sensorial del vino, se bebe y se expulsa aire por la nariz, con el fin de observar si mantiene el mismo aroma que en boca, y el sabor final que deja. 

Una cata a ciegas es una gran forma de disfrutar descubriendo nuevos sabores y pasando un rato agradable en una degustación de vinos muy novedosos. 

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